El narrador en primera persona en la NR Parte II
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Foto de Vlada Karpovich |
Y vuelta la burra al trigo.
Hace unos días me di un paseo por las librerías madrileñas para estar al día del panorama en la NR. La primera persona seguía ganando por goleada, y por curiosidad, abrí una tapa de novela de misterio que estaba colocada en un lugar de cabecera. No voy a decir el título porque como no la he leído, no le voy a hacer publicidad antes de saber si la merece. La cuestión es que también era una primera persona muy
lograda y prometedora que tenía todo el sentido del mundo, porque el
protagonista, el narrador, iba a encontrarse con un misterio en el mundo del
arte, y la novela prometía llevarnos de su mano a descubrirlo, investigarlo, y
llegar con él a la verdad. Me parece una propuesta estupenda y un narrador muy bien
elegido, porque el autor no quiere que el lector sepa más que el investigador,
tienen que ir a la par. Si el narrador hace un juicio con el que el lector no
está de acuerdo, o si le cae antipático, no pasa nada, porque el investigador
no es el importante, es el misterio lo que es importante. Algo así como le pasa
al Dr. House, da igual que te caiga mal, lo importante es que siempre resuelve
los casos. Ahora llevemos esto a la NR. Aquí nos encontramos que la narradora
suele ser ella, la protagonista, la que nos cuenta todo según su visión subjetiva,
y claro, aquí corre un riesgo enorme, porque cada juicio que haga de un
personaje, cada interpretación de sus motivaciones y sus palabras va a ser juzgada
después por la lectora, y si esta última no está de acuerdo con ella, la acabas
de indisponer contra tu protagonista, ¡nada menos! Por ejemplo, imagina que tu prota hace un comentario desagradable
de la ex del prota, y coincide con el comentario que una lectora, que fue la ex
de alguien, recibió en su día. Ya le indispones contra la protagonista, y dime,
¿qué necesidad había de hacer a la protagonista responsable de lo que digan
todos los personajes, si hay la posibilidad de escribir en tercera persona y separarlos
por completo de ella? ¿Qué recurso le queda a la narradora protagonista para que
esto no pase? Bueno, hay trucos, claro, utilizar los diálogos para que otros
personajes diga las “verdades” incómodas; o que estas vengan de los medios de
comunicación, mensajes en las redes sociales, e-mails, etc., pero no pocas
veces la cosa se arregla no sacando los pies del plato: es decir, la
protagonista va a decir lo que debe, lo que se lleva decir, para no soliviantar
a nadie. Esa es para mí una de las causas de que acabemos leyendo los mismos
temas desde los mismos puntos de vista una y otra vez. ¿Qué libertad da la tercera persona y en especial el
narrador omnisciente? Que los personajes digan y piensen lo que les da la gana
y solo ellos son responsables de sus actos, como en la vida misma. No tenemos
control sobre lo que dicen y hacen los demás, no tenemos un filtro intermedio:
la protagonista, para que nos de su visión subjetiva de ellos. Me diréis, bueno, en ese caso es la autora la responsable de
lo que dicen y hacen los personajes, y sí, pero no es lo mismo que te enfades
con la autora que que te enfades con los protagonistas. Muchas veces, cuando he tenido oportunidad de hablar con mis lectores, me han preguntado: ¿por qué tal personaje dijo o hizo tal cosa? Y yo respondo: porque hay gente que actúa y piensa así, ¿conoces a alguna? Y la respuesta suele ser sí. ¿Y puedes evitarlo de alguna manera? Y la respuesta suele ser no. Otro punto flaco: desde la primera persona solo se puede
contar cosas que pasan y cosas que dicen, no el sentido de por qué las dicen, no
los pensamientos que las originan, ni las motivaciones, salvo, otra vez, la interpretación
sesgada de la narradora protagonista. En resumen, una sucesión de anécdotas: y dice esto, y hace aquello, y yo le contesto
esto, y hago esto otro, la mayoría de las veces con los pronombres incluidos, ¡vaya
a ser que te pierdas! Sí, no engaño a nadie, no me gusta la primera persona para la novela romántica, salvo que nos sorprenda con recursos bien empleados que la doten de objetividad y la separen de la historia, en cuyo caso, me rendiré y desde luego aprenderé. ¿Qué opináis? No os extrañe que vuelva pronto a darle otra vuelta de tuerca al tema, ¡me ha dado fuerte jajaja! |
Interesante, ¿pero no se podría solucionar el problema introduciendo más narradores personaje, a lo Faulkner, de modo que no hubiera un narrador protagonista? Es que yo me engancho a la escritura en primera persona, sé que es una convención tan grande como la tercera, pero para mí se nota menos, siento que es mucho más real, un saludo
ResponderEliminarBienvenida, Vanessa, gracias por comentar.
ResponderEliminarA tu pregunta contestaré que has elegido un buen ejemplo de cuando la primera persona tiene su porqué, y es que si te refieres Al ruido y la furia, no era en los hechos más o menos comunes que suceden entre familias mal avenidas y violentas desde generaciones donde reside el interés de la historia, sino en como son las mentes de sus protagonistas que viven de esa forma tan disfuncional y les parece normal.
Si tus protagonistas, pese a sus conflictos internos y su forma de vida, son más o menos como la media en estabilidad mental y forma de conducirse, lo que pase por sus mentes será cosa sabida por el lector.
Pero no voy a intentar convencerte, ni voy a decirte cuál es la mejor forma porque eso no funciona así, te voy a sugerir cómo puedes averiguarlo tú sola.
Lo aprendí de otro escritor William Somerset Maugham. Este hombre acostumbraba a dirigirse a sus lectores en el prefacio de sus novelas y les contaba detalles de su proceso creativo. No es que lo enseñara como yo te lo voy a decir, pero él hacía algo parecido con los diálogos de otros que me dio la idea.
Se trata de que cada día, antes de comenzar a escribir tu historia, hagas un «calentamiento de escritura». Consiste en coger un libro de cualquiera y te fijas en un aspecto, por ejemplo, el narrador. Está en 3ª, pasémoslo a la 1ª.
Comienza a escribir y verás lo que pasa, verás como tienes que cambiar pronombres, cambiar adverbios de sitio, cómo varían las posibilidades de la historia, lo que te pierdes, lo que ganas.
Elige aquellas partes en las que tienes que hacer cambios y sáltate lo que sirve para las dos.
Si haces eso con todos los narradores que existen; con los arranques de los capítulos; con los inicios de la novela, y los intercambias entre los libros que elijas; si haces esos ejercicios también con los diálogos (si están enfadado los haces que se rían, que uno hable como los del escritor A y el otro le responda como los de la escritora B), etc. tú misma verás los efectos que producen en un texto cada perspectiva, lo que aporta y lo que resta.
Practica esto cada día, el tiempo que tú decidas y te habrás liberado. Ya no te sentirás enganchada a una forma fija, sino que utilizarás aquella que destaca lo especial de tu historia, es decir aquello por lo que hechos más o menos cotidianos, como es el enamoramiento de dos personas, se convierte en algo extraordinario que pueda germinar en la lectora.
No sé si te habré desconcertado, me gusta buscar a los problemas soluciones creativas que me inspira todo lo que veo y escucho. Es lo mismo que trato que hagan los personajes de mis novelas: experimentar.
¡Encantada de hablar contigo! Un saludo.